Cuadro original acrílico sobre lienzo. Catedral de Murcia

Catedral de Murcia

Uno de los procesos por los que estoy bastante interesado es por la maceración. La podríamos definir como la capacidad escultórica que tiene la materia del acrílico tras sucesivas capas.

El proceso podría describirse como una larga lucha con la pintura y con la materia, quitando y poniendo constantemente hasta que tiene una expresividad cercana al cuero.

El cuadro, mas que pintarse “se labra” y  remoja.  Es parecido a un mantra donde vuelves al objeto como si fuera la primera vez, olvidando un poco lo que hay debajo.

Hay cierto peligro de agrisar con las veladuras, sobre todo con los colores que no sean del todo puros y lleven mezcla de blanco. Vallejo tiene el amarillo anaranjado, el rojo fluo y el violeta  que son muy transparentes y no ensucian.

De todas formas todo es mantener cierto equilibrio, ni demasiada veladura, ni poca, llegar al punto de que transmita el efecto.

Digo que parece un mantra porque hay muchas idas y venidas al mismo motivo y un observación  de la misma imagen desde puntos de vista diferentes, como una suerte de oración.

Lo importante es no tapar, no negar del todo lo ya hecho. Volver a pintar encima de la última valoración. Dejar a la vista todos los errores de apreciación.

En cierta manera el efecto es algo parecido a la piel del tiempo. No es exactamente melancolía, es mas bien una especie de “acumulación de gracia”.

Es una técnica que si no tienes mucha práctica es muy buena, porque todos los errores van a tu favor. Lo que importa es la suma de las sucesivas mediciones.

Si perseveras el cuadro acaba dándote su recompensa y el final suele ser muy feliz.

 

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